
Vivimos en un mundo en el que todos necesitamos tener a nuestro lado a un montón de profesionales. No me parece mal del todo porque todos nuestro cuidado personal puede bien necsitar del psícologo, del sacerdote, del coacher, del dentista, del peluquero, del entrenador personal, del médico y del esteticien… Pero como los amigos, nada.
Decir cosas horteras sobre el valor de la amistad está muy visto y ya lo han hecho muchos pensadores, filósofos y poetas… No sirve de mucho porque es algo experimental, no se puede explicar cómo se hace uno amigo de alguien ni por qué somos amigos.
Una pista muy importante: los amigos requieren tiempo y dinero.
Cuando ya no pueda más llame a ese amigo con el que la conversación se vuelve infinita. Seleccione un espacio apropiado para el mutuo intercambio: una buena terraza, una cocktailería seria, un paseo marítimo, un restaurante conocido o un buen club naútico. No repare en gasto, la amistad va a recompensarle con creces. Si se comparte una aficción bueno será ponerla en práctica y prepararla con antelación. Y expláyese. La cosa es mágica, se descubre que a uno le pasa lo mismo que al otro, que los problemas se esfuman, que gustan las mismas cosas, que sobran explicaciones y excusas. Que somos amigos. ¿Por qué renunciar a un buen baño de empatía, de ánimo, de confianza…