A veces, la vida está llena de sobresaltos, gente malhumorada y especialistas en amargar la vida o imponer su criterio… Pero, pare y dese un respiro de tres minutos, cuando los encuentre a su alrededor. Cierre los ojos y relájese. Ahora piense en toda esa gente maravillosa que también está a su lado, con sus nombres y apellidos, con su cara. Mientras lo hace, sienta el rumor del mar y el horizonte a lo lejos. Sí, ahora está ya andando por una playa desierta, al atardecer. Su pies húmedos dejan la huella en la arena y de vez en cuando llega el agua del mar y tapa sus tobillos. Al fondo, alguien le llama: es el momento de dejar de soñar y volver a la realidad. Fue un minuto, pero ahora todo es mejor, no hay sobresaltos, ni malhumor, ni amargura… El guerrero no necesita a su lado perdedores y cuando aparecen lo mejor es evadirse, aunque sea un minuto.