Asociamos el término ensalada a la guarnición de un plato superior. Pero darse el gustazo de preparar una mega-ensalada para la comida o cena es un placer superior que suele empezar por la selección de los productos que vamos a incorporar. Abandone la idea de la lechuga y el tomate, eso es sólo el principio. Piense en pasta, en comino, en brotes de soja, en espárragos… No repare en gasto y déjese llevar por los colores: el verde de la aceituna, el marrón del atún, el amarillo del maiz, el blanco del quso, el salmón del salmón… Y qué me dice del infinito mundo de las salsas. Que si queso azul, que si rosa, que si vinagreta…
Disfrute con la personalización. Es su ensalada, es su momento. Mi favorita, la césar.